Fernando Campos Cardosa - ¿Fosforena? Esta vez no.
Claves para entender la decisión en el Senado.
POLÍTICA
TSV Noticias
12/10/20253 min read
¿Fosforena? Esta vez no.
Por: Fernando Campos Cardosa (@JFCamposC)
La votación del 3 de diciembre de 2025 en el Senado, que “eligió” a Ernestina Godoy como Fiscal General de la República, desató una crítica casi automática: ¿cómo puede una fuerza de oposición votar con el oficialismo? Movimiento Ciudadano lo hizo. Pero para entender la movida, valdría la pena ver el tablero completo.
Creo que los hechos importan. La ratificación se aprobó con 97 votos a favor, 19 en contra y 11 nulos. Godoy llegó al pleno con ventaja obvia: fue consejera jurídica de la Presidencia y antes encabezó la Fiscalía en la Ciudad de México durante el gobierno de Claudia Sheinbaum. Tras la renuncia de Alejandro Gertz Manero, ya estaba como encargada del despacho y había iniciado movimientos internos. Esta no era una competencia: el engranaje ya estaba andando.
Con ese contexto, la pregunta real no era si se podía parar el proceso, era qué podía ganar el país con la postura de la oposición. Yo no siempre estoy de acuerdo con las posturas de Movimiento Ciudadano y lo he externado de manera muy explícita, pero aquí había dos opciones: oponerse por reflejo, como lo hace el PRI (y en su momento lo hacía Morena), o usar el margen disponible para amarrar compromisos y después exigir resultados.
El arreglo institucional actual, más la mayoría que la gente le otorgó a Morena y a sus aliados (y otros tantos que compraron), reducen el espacio para cambiar desenlaces. En los hechos, quien llegara a la Fiscalía nacería bajo la sombra de la Presidencia, sí o sí. En ese panorama, había un criterio práctico: si de todos modos habría subordinación, resultaba más útil colocar a alguien que ya trabajó con la presidenta, porque entonces también se vuelve más fácil demandar resultados y atribuir responsabilidades.
Aquí está el punto central: si a la presidenta se le dan las herramientas que pide, se acabará la coartada del bloqueo y sólo quedarán los resultados. Si la Fiscalía no mejora investigaciones, no avanza en casos de alto impacto, no reduce rezagos y no protege a víctimas, la responsabilidad política queda más clara. Ya no habrá una excusa fácil sobre “no me dejaron”. El gobierno pidió una ratificación, el Senado la concedió, ahora toca cumplir.
Por eso fue relevante que el apoyo de Movimiento Ciudadano se condicionara a un decálogo de compromisos asumidos públicamente por Godoy. No hay magia institucional; aun así, construye exigibilidad: compromisos que se pueden aterrizar en comparecencias, indicadores, reportes y seguimiento puntual. Aun si el oficialismo tiene de sobra los votos necesarios para hacer lo que quieran, obligarlo a dejar constancia de compromisos concretos eleva el estándar mínimo y crea un registro público para cobrar después.
Hay quien pide una oposición que diga “no” a todo, todo el tiempo. El problema es que eso no construye alternativa, sólo construye ruido. Una oposición útil escucha, fija condiciones y cobra cuentas. Votar “no” puede ser correcto; votar “sí” con condiciones también puede serlo cuando el “no” sólo produce una pose sin efectos. En un Congreso con números adversos, las pequeñas victorias se miden en compromisos arrancados, información obtenida y controles activados.
Tampoco podemos obviar al elefante en la habitación. Sí, parte de la ciudadanía critica hoy la debilidad de la oposición, pero fue esa misma ciudadanía quien decidió concentrar el poder en un proyecto. Eso tiene consecuencias. Reconocerlo no implica aplaudirlo. A la oposición le toca defender contrapesos, denunciar abusos, frenar excesos cuando haya margen, y construir una opción para el siguiente ciclo. El voto no se gana intentando bloquear todo, por más acostumbrados que nos tengan a pensar que sí; se gana proponiendo y demostrando con hechos que se puede gobernar mejor.
El proceso estaba definido antes de empezar. Esa fue, quizás, la única transparencia real que se le otorgó a la ciudadanía. Pretender que podía evitarse con un gesto de indignación era simular tanto como el oficialismo levantadedos pensando en que tenían opción de proponer otra cosa. Frente a un desenlace cantado, lo responsable era convertirlo en una oportunidad de rendición de cuentas.
¿Pudieron haberlo hecho mejor? Creo que sí, hubiera sido importante hablar de las cifras de homicidios que convirtieron en desaparecidos y que pasaron a otros estados en su paso por la Ciudad de México, pudieron haberle dado una mayor voz a quienes exigen justicia tras el paso de un pésimo fiscal, el sospechoso proceso para removerlo y la simulación para escoger a alguien afín, pero de ahí a haber votado diferente… no. No creo que hubiese sido útil. En esta ocasión el condicionar su voto a los compromisos firmados me pareció un buen movimiento.
El voto del 3 de diciembre fija un punto de partida: medir a la fiscal, exigir datos, citarla cuando sea necesario y señalar cualquier desviación. Si la dupla Fiscal/Presidenta cumple, ganan las víctimas. Si falla, quedará claro quién cargó con la responsabilidad política, y esa claridad, en el México de hoy, vale más de lo que a muchos les gusta reconocer.
Ahí es en donde se puede distinguir una oposición responsable de una ornamental.
